UN PAIS QUE GARANTIZA LA SEGURIDAD CIUDADANA

En el V Congreso Ideológico del PDC, definimos que la Seguridad Ciudadana en un Estado Democrático de Derechos, debe fundarse y estar al servicio del respeto de los derechos de las personas, garantizando su libre y pacífico ejercicio. Para quienes aspiramos, desde el humanismo cristiano, a la instalación de un Estado Democrático y Social de Derechos, éste no sólo debe cumplir este requisito, sino que además, debe estar dirigido a la transformación de la sociedad; al cambio social, orientado por la libertad, la justicia social, igualdad y fraternidad.

La Seguridad Ciudadana debe enmarcarse en una política integral que abarque todas las dimensiones necesarias para dar seguridad a las personas. No cualquier política, -incluso aquella que sirva para un objetivo intermedio-, nos deja satisfechos. Debe fundarse y estar pensadas para remover los obstáculos materiales y culturales que impiden, en nuestra sociedad, el ejercicio pleno de derechos humanos para todos/as los chilenos y chilenas, sin distingo de edad, sexo, cultura, estirpe, o condición.

La Sociedad Chilena sigue dando a la Seguridad Ciudadana primera prioridad. La delincuencia y el temor al delito afectan la calidad de vida de nuestras ciudades y de sus habitantes de manera significativa. Sin embargo, no podemos entregar respuestas simplistas a un fenómeno complejo. Frente a ello es necesario encontrar soluciones que sean eficaces en materia de reducción del delito y de la violencia, pero que estén circunscritas en el acceso igualitario a la convivencia pacífica y tranquilidad social.

Para hacer de Chile un lugar donde vale la pena vivir, es indispensable garantizar ciudades seguras, en un ambiente sano y adecuado al bien común social. Para ello debemos reafirmar el valor del Estado de Derecho, velando para que las instituciones responsables cumplan el rol de protección a la población, sancionen a los culpables y generen condiciones de seguridad. La comprensión de múltiples causas de la delincuencia no anula la responsabilidad que deben asumir los autores de actos contrarios a la ley. El criterio central debe ser el respeto a los derechos de las personas, tanto de imputados y detenidos, como de las víctimas.

Tampoco se trata de judicializar la delincuencia como si sólo se tratara de penas y cárceles. Consideramos importante relevar un enfoque de prevención y rehabilitación; es el deber ser de todo Estado responsable. Entonces, evitando caer en el populismo penal, el Estado ha de trabajar junto a las instituciones y la comunidad, fortaleciéndose a sí mismo para ser capaz de enfrentar las demandas ciudadanas en materia de seguridad.

Podemos afirmar que en Chile ha existido mano dura y represión del delito, junto al endurecimiento de las políticas de seguridad, a través de la reforma procesal penal y la agenda corta antidelincuencia, lo que se ha traducido en términos reales, y a vista de la opinión pública, en una alta presión sobre el sistema penitenciario que ha hecho que hoy esté en crisis. El crecimiento de la población penal ha sido exponencial y Chile evidencia una de las tasas más altas en materia de reclusión penal, ocupando el tercer lugar en el mundo en cuanto a tasas cada 100,000 hab. Ello genera que las cárceles chilenas presenten altos índices de hacinamiento (cercanos al 50%), pese a los 10 mil cupos que generaron las cárceles privadas. Hoy es evidente que ello no basta, lo que se requiere es que el sistema sea eficiente en su capacidad de aplicación. Asimismo, y reconociendo que en algunos casos la inhabilitación es necesaria, la reinserción y la rehabilitación son cruciales para interrumpir trayectorias criminales. Los programas de reinserción bien desarrollados pueden reducir hasta en un 30% la reincidencia.

Nuestro ideal de la sociedad considera un equilibrio de desarrollo y responsabilidad, de libertad y seguridad. Este ideal corresponde a la comprensión fundamental que se deriva del respeto, -y el derecho a una nueva oportunidad en caso de fracasar- y de un sentido de solidaridad con los débiles.

Queremos tranquilidad ciudadana y sabemos que somos pregoneros de un nuevo sistema de sociedad para el Bicentenario, donde relevemos la democracia, el estado social de derechos, la confianza, la vida en comunidad y un Estado moderno que regula y garantiza tanto la vida como la convivencia justa y pacifica. Esto significa que la Paz Social, la entendemos como un proceso dinámico y permanente, con una estructura social de amplia justicia y reducida violencia, que exige igualdad y reciprocidad en las relaciones e interacciones, que afecta todas las dimensiones de la vida, y en el cual nos comprometemos con el desarrollo y los derechos humanos.

Myriam Verdugo, consejera nacional -candidata a diputada por La Florida- y Marta Canto, presidenta comisión seguridad ciudadana –Frente de Profesionales PDC.

Cuidar el medio Ambiente

La historia nos dice que en el mundo existieron muchas civilizaciones que llegaron a altos niveles de desarrollo. Algunas ruinas, lenguajes aún no completamente decodificados, trozos de cerámicas, joyas, complejos estudios matemáticos, astronómicos, arquitectónicos, filosóficos, tejidos de delicada confección, permiten conocer hoy las estructuras económicas, sociales, culturales y políticas que se daban. Pero algo falló. Por eso terminaron. Se habla de sobre explotación de los recursos, de sequías intensas, de pestes, de guerras.
Hoy parece que la humanidad quiere persistir en sus reiteradas conductas destructivas. Así nos lo hicieron saber 3.000 científicos que emitieron un primer informe sobre el calentamiento global.
Tal informe dice, en forma fehaciente, que el ser humano es responsable del aceleramiento del calentamiento global. En 21 puntos de un documento que llevó más de un año de elaboración, y en el que también hubo participación de científicos chilenos, se sindica no solamente al hombre y la actividad industrial como culpable de la situación, sino que se afirma además que hemos entrado en un proceso irreversible.
El Panel Intergubernamental de Cambio Climático, IPCC, confirmó un panorama oscuro para los próximos cien años con aumento de las temperaturas que pueden llegar a los 6,4° en promedio.
Este fin de semana los medios de comunicación se llenaron de artículos y notas sobre el informe. Se llenaron de antecedentes respecto a los cambios que el calentamiento global provocará a nivel mundial y nacional. Nada dijeron de las verdaderas causas de este desastre ecológico.
El modelo de desarrollo impuesto al mundo es el gran culpable de lo que nos pasa. El modelo confirma, con este informe, su característica depredadora.
Tres mil científicos, que se negaron a la manipulación de los gobiernos y grupos económicos transnacionales, dieron el gran campanazo, nos dijeron que el sistema nos conduce a un callejón sin salida.
Estados Unidos, el más grande depredador mundial, logró disfrazar, encubrir bajo un manto de libertad y de desarrollo, un sistema económico que está destruyendo al mundo.
Los científicos en su documento no se ponen en el plano de lo político, pero con sus bases indesmentibles prueban que el modelo destruye. Esperamos que nuestros políticos abandonen por una vez sus discusiones personalistas, en ocasiones banales o faranduleras para enfrentar con seriedad y altura de miras el problema que ya la humanidad comienza a vivir.
Tornados en Londres, en Florida, aumento de huracanes grados 4 y 5, sequías en el norte de África, calores infernales en el centro de Europa, lluvias torrenciales en Australia, desprendimiento de grandes bloques de hielo en la Antártica, son males que hace años la naturaleza no estaba dando, pero el mundo, nosotros seguíamos como si nada. Ni una presión a Busch y su estúpida, ignorante y egoísta decisión de no suscribir el tratado de Kioto, tímido acuerdo para disminuir la emisión de gases que provocan el efecto invernadero; ni una presión organizada para fiscalizar con severidad a los emisores de contaminantes nacionales; cero protesta contra las autoridades que no han sido capaces de tomas medidas que disminuyan algo la polución en nuestras ciudades. Al contrario, hemos escuchado a más de alguna autoridad nacional decir que los destrozos en calles o puentes se deben a “una lluvia de 60 o 70 milímetros que no ocurre nunca, que no forma parte de nuestra realidad y que no se repetirá”. ¿Leerá los diarios este funcionario público? ¿Se interesa por saber lo que pasa en el mundo? No, claro que no.
El informe de la ICPP es una crítica brutal a un sistema que los chilenos hemos aceptado sin condiciones, a una economía que sigue el carril equivocado. Adoptamos un modelo de desarrollo ultra liberal, ultra capitalista que se vende bajo el paraguas del valor de la libertad, de la libertad de elección, pero la pregunta es ¿Cuántos de los que nos leen tienen la posibilidad de elegir? ¿Cuántos tienen la posibilidad de acceder a los frutos de esta economía triunfante? La respuesta es clara: en Chile los ubicados en los dos primeros quintiles de ingresos, esto es menos del 10% de la población. El resto debemos conformarnos con las sobras, con las imitaciones, con la sobrevivencia.
Los exitosos dueños de Chile y socios de los otros dueños del mundo, hace ya un par de décadas, previendo lo que vendría con los cambios climáticos apoyaron con todo lo que se llamó el “desarrollo sustentable”, esto es que ellos se autorregularían para no dañar la naturaleza. Por supuesto ello no ocurrió, y si algo hicieron se trató de medidas cosméticas.
En nuestro país la conciencia sobre el cuidado de los equilibrios en la naturaleza avanzó, existe más conciencia, pero esto no se ha traducido en hechos, en cambios de conductas. Crear un ministerio del medio ambiente resulta casi un chiste, cuando la gravedad de la situación es la que nos han develado hace unos días. Es un chiste cuando sepultamos bajo una capa de cemento las mejores tierras agrícolas del país, en beneficio de las constructoras (y de algunos de nuestros “camaradas”); cuando impulsamos un desarrollo urbanístico irracional, cuando no nos preocupamos por la calidad de las aguas de nuestros lagos del sur, cuando no nos preocupamos de la acción depredadora de las empresas pesqueras, cuando permitimos a nuestra empresa de cobre, Codelco, superar la norma de contaminantes que les exigimos a los privados. En fin, casi todo es un chiste de mal gusto y de mal futuro.
Este modelo no está conduciendo, sin retorno, al suicidio colectivo. Quizás, en miles de años más, algún joven o jovencita se encuentre con vestigios de esta súper desarrollada e injusta civilización. Quizás como hoy, se sorprendan de los niveles alcanzados, de los conocimientos, de la tecnología, quizás también llame su atención la extrema diferencia entre los favorecidos del sistema y los esclavos asalariados que lo alimentaban, Quizás sientan, como nosotros, que la historia se repite.
Revista Impacto

El Chile que queremos construir

Estimados y estimadas camaradas, sin duda el país tras la recuperación del sistema democrático avanzó mucho. Es innegable que se pudo reducir la pobreza, y extrema pobreza, a poco menos de un 20 por ciento, la mitad de la que teníamos cuando el general Pinochet entregó el poder. Es indudable que nuestros mercados se abrieron; es indudable que más del 70 por ciento de los jóvenes universitarios representan a la primera generación de su familia que logra ingresar a la educación superior; es indudable que el ingreso per capita subió ostensiblemente; es indudable que la tercera parte del Gran Santiago se asemeja a las mejores, más modernas y más bellas ciudades del mundo; es indudable que la infraestructura vial se asemeja a la del primer mundo; es indudable que hemos mejorado en varios indicadores como: control de la inflación, baja tasa de mortalidad infantil, aumento de alfabetización, aumento en la cobertura sanitaria y energética, construcción de viviendas, cobertura educacional básica y media, aumento en la expectativa de vida y otros.
En los primeros años de los gobiernos de los camaradas Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz Tagle el país creció a tasas superiores al 7 por ciento. Posteriormente, en el gobierno del ex presidente Ricardo Lagos, rodeado de un aura de éxito y aclamación popular, este crecimiento se redujo drásticamente y hoy nos enfrentamos con permanentes revisiones “a la baja” de nuestro crecimiento como país. Ello pese al incomparable mejor precio del cobre de las últimas decenas de años.
¿Qué está pasando en nuestra sociedad? ¿Qué está pasando en nuestra economía? ¿Por qué pese a la imagen pujante que el país presenta, a los buenos indicadores, subyace una sensación de molestia, de desagrado, de frustración, de rabia, de infelicidad?
Para quienes suscribimos este documento la explicación está a la vista, y forma parte de nuestro discurso y nuestra posición en la política partidaria y ante el gobierno.
Asumimos que el régimen militar optó, en su momento, por aplicar el modelo de economía de mercado en el país. Lo hizo bajo el imperio de la represión y el terror. Pocos se atrevían a levantar la voz y a demandar justicia, participación, libertad, respeto a los derechos humanos. En ese clima fue relativamente fácil imponer un sistema, el que con pequeñas variaciones se aplicaba en muchos países, y que por los efectos de la globalización y concentración económica mundia,l se consolidó como única alternativa económica de desarrollo.
Bajo este esquema el gobierno de Aylwin y los cuatro primeros años de Eduardo Frei, gozaron de una bonanza que todos en el país notamos. Se mejoró el nivel de empleo, muchos pobres dejaron de serlo y otros ubicados bajo la línea de la pobreza también se vieron promovidos. Pero la fuerza de esos años se fue perdiendo para terminar hoy, haciendo más de lo mismo. Si bien los sectores más desposeídos vieron mejorada su situación, la de otros cientos de miles de chilenos y chilenas de clase media y clase media baja se pauperizaron y comenzaron a sufrir en el alma y en el bolsillo la precarización de sus situaciones. Con empleos de baja calidad, inseguros, presos de las deudas, instigados por la sociedad de consumo viven cercados, sin recibir ningún beneficio ante las brutales alzas de combustibles, de agua, de servicios de comunicación. La asistencialidad del Estado, con justa razón, va al pobre e indigente, pero el resto no recibe ningún beneficio entendiéndose que con más de 400 mil pesos al mes ya no requiere apoyo.
¿Pero, se puede comer, estudiar, tener salud, pagar casa con esa cantidad? No, claro que no. Pero tampoco se puede acceder a becas, rebajas en el pago de servicios, educación de calidad, acceso a áreas verdes y cultura. Mucho menos se puede pensar en tener una pensión digna.
Ante esto ¿Qué queremos quienes vemos no sólo la mitad llena del vaso, sino también la otra mitad medio vacía? Queremos “rectificar el modelo”, aunque muchos de nuestros camaradas insistan en “no entender” lo que con ello se dice. El mundo al revés, porque lo entiende la gente común y corriente, pero no muchos profesionales exitosos, de doradas pieles, impecables sonrisas, finas ropas y cultores de deportes de elite.
¿Qué significa rectificar el modelo en salud, educación, vivienda, trabajo, apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas?
En vivienda es: Respetar a los hombres, mujeres, niños/as y jóvenes de nuestro país construyendo casas dignas. La argumentación en los últimos años es que se privilegió disminuir fuertemente el número de “sin casa” o “allegados”. Para ello se levantaron miles de viviendas -casas o departamentos- precarias, de mala calidad, más que pequeñas. Poblaciones concebidas sin áreas verdes, sin espacios comunitarios, de arquitectura fría e inhóspita. Casas que se deterioraban rápidamente; casas que trashumaban agua; casas en las que la herrumbre, el frío, la humedad, la suciedad, el viento o el sol inclementes agudizan, hacen más patente la pobreza.
Casas construidas con una mentalidad segregadora, estigmatizadora
En seguridad social es: Romper el esquema comercial impuesto por el régimen militar respecto de la previsión. No queremos ser obligados a enriquecer más a los grupos económicos. Queremos poder optar y decidir si nuestros ahorros forzados van al sector privado o se los entregamos a un organismo estatal. Queremos ejercer el derecho a propiedad que tenemos sobre nuestros ahorros provisionales.
Nos molesta que seis empresas se repartan cada año un monto
Nos molesta que dos de ellas concentren el..
Nos molesta que la propiedad de éstas empresas sea parte de la cadena de brutal concentración de la riqueza que tiene Chile.
En apoyo al micro y pequeño emprendimiento es: Partir por ordenar los organismos estatales que deben colaborar con el fortalecimiento de estas empresas. Con ello se evitará dilapidar recursos, se eliminarán programas que jamás han mostrado eficiencia en su aplicación, se eliminará burocracia. Junto a ello se debe realizar un acabado estudio y pormenorización de estas empresas en el país, ya que distintos organismos estatales cuentan con diferentes criterios para definirlas y por lo mismo las normativas creadas no tienen un real efecto en el grueso de la pequeña y mediana empresa que queremos fortalecer, mucho menos al microemprendeimiento.
Todos los gobiernos han tenido un discurso dirigido a este importante sector del país que otorga trabajo al 70 por ciento de la población, sin embargo, las políticas públicas tienden a beneficiar a los empresarios medianos, e incluso a los grandes empresarios, ya que no se legisla desde la perspectiva que corresponde.